17 noviembre, 2009

"La aventura de ser Docente"


Paulo Freire en su primer carta a quien pretende enseñar, ilustra algo que sencillamente en lo personal resultó mi tabla de salvación frente a la ansiedad y deseo de control frente al grupo (señalado a su vez en el texto del Sr. Esteve) cuando inicié mis labores. Rápido me percaté que el saber no era suficiente, aunque si esencial; tuve que forzarme a “repensar” una y otra vez lo “pensado”. Cada frase o idea que consideraba con carga de posibles reflexiones de los estudiantes y su posible impacto la llevaba una vez más a mis pensamientos para ubicar otra posible utilización, aplicación o variante.
El “malestar docente” en mi caso se combate muy seguido, por ejemplo al salir de una clase o atender a algún estudiante aparezca esa sensación de bajo impacto de mi trabajo, que sienta que el tiempo dedicado directamente hacia el estudiante no es el suficiente o el óptimo, el percatarte honestamente que al atender directamente una problemática no se poseen ni los espacios ni las técnicas o preparación suficiente, y en esos casos al canalizar a especialistas, desilusionarte al ver que no existen en nuestra comunidad espacios de atención real a la salud adolescente.
Esas y otros aspectos son los que llegan a irrumpir sobre el trabajo de orientador educativo que desempeño.
José Manuel Esteve enmarca la búsqueda de identidad profesional como uno de los primeros pasos hacia un ejercicio comprometido de la docencia; de la misma forma la renovación pedagógica como algo esencial en esta búsqueda del porqué somos profesores.
Es interesante ver como esta idea de llevar al terreno del adolescente los conocimientos, algunas veces es mal interpretado por parte de los estudiantes e incluso de algunos compañeros, viéndose como algo no propio para el lugar de autoridad que supuestamente debe poseer un docente; pero tal y como se enmarca en la lectura, este acto no es para nada simplista, por el esfuerzo que conlleva el traducir el lenguaje técnico y científico para captar la atención de la población estudiantil y buscar el aprendizaje. Con ello no quiere decir que siempre se tenga que hablar así, ya que si se dominan las técnicas de comunicación, se sabrá el momento en el que el lenguaje coloquial se acerque al ideal socialmente hablado, e incluso al científico.
Ganarnos el derecho a ser oídos, es otro de los conceptos vertidos en la lectura que me resulta subrayable. Cuántos de nosotros damos por asentado que pararnos con una tiza o un marcador frente a un grupo numeroso de adolescentes será suficiente para que nos pongan atención, sin percatarnos de lo que el mismo Freire en su concepción humana del aprendizaje señala: los aprendizajes se deben acercar presentándose como algo necesario, siendo la postura más cómoda, rutinaria y nada asertiva cuando exigimos que se valore lo que de arranque se desconoce si les servirá para su vida.
Una película española relata vívidamente esto que arriba intento decir, lleva por título “la lengua de las mariposas” (Dir. José Luis Cuerda, 1999).
Tal y como inicié esta retrasada participación, cierro con una aportación de P. Freire que menciona que los grandes cambios en la educación se dan en los procesos no en los materiales; y si se modifican dichos procesos entonces podremos alcanzar la calidad de vida que tanto necesitamos y anhelamos en nuestro país.
Saludos

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